viernes, 23 de noviembre de 2012

Presente imperfecto


El escritor Felix Bruzzone adelanta su trabajo actual: una ficción basada en una serie de 
entrevistas a vecinos de Campo de Mayo en busca de relatos que se entrecruzan con la historia del país y la suya personal.

Txt. Javier Garat  | Ilust. Matías Fernández Schmidt


A solo 30 kilómetros de la ciudad que nunca calla existen ocho mil hectáreas de silencio. Un campo bellísimo repleto de árboles, sutiles lomas y caminos que invitan a perderse mateando al amanecer o fumando por la noche. Otra manera de hablar de lo mismo: Un campo extenso que alberga una de las áreas militares más grandes del país, la cual funcionó durante la última dictadura, como un centro de detención y maternidad clandestinos y como pista de despegue para los vuelos de la muerte. “El Campito”, le decían. Hoy podría sumarse otra descripción: Dos escuelas de equitación, instalaciones para practicar tiro al blanco, plantaciones de soja y una montaña de basura gigante cortesía del CEAMSE.

Félix Bruzzone, autor de novelas como Los Topos o Barrefondo y fundador de Editorial Tamarisco, se interesó por el lugar de una manera muy peculiar. Gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes, el escritor pudo dedi-carse a entrevistar habitantes de sus alrededores sobre sus relaciones con el lugar para explorarlas, luego, a través de la ficción. Porque el Campito no es solo su historia, su número de hectáreas, sus instalaciones o su actual devenir. Este enclave invisible -que se encuentra entre el partido de San Miguel y el de Tigre- es también las singulares relaciones que mantiene con quienes viven a su alrededor y de las cuales no escapa siquiera el propio autor.

“La idea es bastante biográfica porque mi vieja estuvo ahí detenida, cosa que se confirmó recién en el 2003”, comenta Félix para ilustrar el centro de las razones que lo vinculan al lugar y alrededor del cual se tejen las demás y continúa: “Curiosamente, desde el ochenta hacia acá una parte de mi familia se fue mudando de capital, instalándose en lugares que quedan alrededor de Campo de Mayo. Entonces esa idea de que la familia sin saberlo se va mudando a ese lugar es fuerte. Mismo nosotros, con mi mujer, compramos un terreno que queda también en un barrio pegado a Campo de Mayo antes de enterarnos. Con lo cual, bueno, uno medio que se tiene que hacer cargo, me parece”.

Sin embargo, no es exactamente el pasado histórico lo que le interesa a Félix. Él se interrogó más bien por las relaciones que se tejen en estos días. Como la de aquel vecino que, una vez terminada la colimba en Campo de Mayo, juró nunca mas volver pero que al jubilarse decidió mudarse de la capital para dedicarse a la jardinería y terminó adquiriendo un lote que lindaba a ese lugar sin saberlo. O la de ese otro que le  ‘decía no conocer nada de Campo de Mayo’, pero, según el escritor, ahondando un poco resulta que este hombre iba a hacer tiro al polígono de tiro que hay adentro. “Eso me parece una negación bastante importante de la relación con ese lugar ¿Por qué pasa eso? Es preguntarse esas cositas pero obviamente ninguna tiene respuesta”, cierra Bruzzone.

A partir de esta maraña de historias, sensaciones y sinsentidos, los cuales añaden densidad a un lugar de por sí espeso, Félix se dedicó a construir un relato donde el tiempo se suspende. “Hay un personaje que es un tipo que corre alrededor de Campo de Mayo, después empieza a correr adentro. Va recorriendo y encontrándose con gente. Se va planteando cosas sobre el pasado y sobre el futuro. Es como si yo me hubiera tomado el lugar para hablar de todo el tiempo”, señala Bruzzone, quien al hablar parece refe-rirse a un tiempo que emula más el ir y venir de las olas del mar que una mecánica. Como si constantemente y en el mismo movimiento escondiera y revelara cosas en la orilla. Reconoce que en este caso en particular le interesó hacer un relato un poco menos temporal “para armar un juego de no saberse bien dónde esta situado lo que pasa, ni siquiera si lo que pasó efectivamente pasó”. “Cuando corre mucho el tiempo y uno empieza a tener distintos relatos de lo que sucedió uno se termina preguntando si efectivamente aconteció”, explica. 

“El relato no esta terminado, no sé si lo voy a terminar alguna vez”, se sincera y justifica: “No sé si quiero seguir publicando cosas sobre eso”. “Eso” es la dictadura y los desaparecidos o quizás su propia historia atravesada por la política. Pero aquí pareciera estar hablando de muchas otras cosas más. Campo de Mayo se esta transformando en silencio sin planificación estatal. Aquí no hay políticas de la memoria: solo una metáfora de la Argentina donde la soja y la basura, lentamente y por sedimentos, van cubriendo tiempos que se superponen y se pierden. Acaso ¿será la literatura la que le otorgue algún sentido a todo esto?

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