lunes, 15 de abril de 2013

Una nena grande

Ofelia es una historieta de la dibujante Julieta Arroquy que refleja las ideas y sentimientos de una generación de mujeres que viven en la eterna búsqueda.


Txt. María Eugenia Mastropablo 



Llega en bicicleta, con un pantalón oxford, un rodete con trenzas y perfume con aroma a coco. Etérea se sienta y mira con ojos de nena. Lo primero que dice la dibujante Julieta Arroquy es: “No quiero que parezca que la vida de Ofelia es el minuto a minuto de mi vida”. “Claro que la primera fuente a la que voy para inspirarme es mi vida. Cuando estoy mal no me salen Ofelias alegres. Pero también uso mucho de la vida de otras personas, cosas que veo, películas, letras de canciones, chistes que aparecen en otro sentido y que los termino catapultando gráficamente”. “Las Ofelias alegres no gustan tanto como las bajón”, agrega y se ríe. 

A fines del año pasado salió a la venta el primer libro de Ofelia que ya cosechó un gran número de fanáticas. En las presentaciones y ante la prensa, Arroquy suele ser comparada con Maitena. Con respecto a esto, ella opina: “Yo creo que la comparación se da porque es la única referente femenina que tenemos. Maitena logró hacer su historieta, Mujeres Alteradas, y meterla en la revista Para Ti. Fue referente para muchas cuando no había casi mujeres haciendo humor gráfico. Hasta hace poco nosotras no trascendíamos como los hombres. Como Maitena se retiró un poco de la escena del dibujo, dejó la puerta abierta para que haya sucesoras y cubrieran su lugar. No me molesta que me comparen en el sentido de que es un halago, pero somos diferentes. Maitena escribía en la década menemista. Creo que el planteo de la época no es el mismo que ahora. Los cuestionamientos de las mujeres no eran los mismos, por lo menos para la generación de los 30. Las mujeres ahora no están tan preocupadas por casarse y tener hijitos sino que les importa más conseguir cosas personales, conocerse mejor a ellas mismas. Tener más y nuevas experiencias”.

Al abrir la página de Facebook pueden verse las numerosas fotos que envían las fanáticas con el libro de Ofelia en la mano. Hay mujeres de todas las edades, incluidas nenas. “Una no sabe a dónde llegan los dibujos y quién se puede identificar. Claramente hay algo de lo femenino que termina siendo bastante aniñado, sobre todo el amor, no ser correspondido y esas cosas que, por lo general, nos tocan a todas más o menos parecido. Trato de llevar eso a los dibujos de Ofelia, la cosa exagerada femenina, que la mayoría de nosotras no quiere decir ni contar porque nos queremos mostrar como superiores, superadas, pero que en realidad nos pasa a todas”, marca Arroquy. Sobre sus comienzos, reconoce:“Yo claramente empecé a dibujar luego de una ruptura pero, finalmente, me di cuenta de que éso tenía que ver con un vacío personal y con una pasión encontrada muy tardíamente. Hay veces que la vida tiene un sabor a nada y tiene que venir un cambio. A mí me surgió así, estaba latente, sólo había que buscarlo. Ahora dibujo pero ya no me resulta tan terapéutico como antes, lo hago porque construí un diálogo con las lectoras”.


Si bien a las fanáticas es el tema que más les gusta, Arroquy cuenta que no quiere que Ofelia sólo hable de rupturas y de relaciones de pareja. “Me preocupa bastante la violencia de género. En lo que va del 2013 ya murieron como veintipico de mujeres. Esa violencia como si fuéramos seres inservibles, no la puedo entender. Cada tanto veo que aparecen cosas en las redes sociales. Les enseñan a las mujeres a tener cuidado con los golpeadores pero no les enseñan a los hombres a no golpear. Está como mal dirigido el mensaje”.


A la dibujante también le interesa abordar cómo la relación que las mujeres establecen con su padre desde pequeñas está reflejada en sus vínculos posteriores con los hombres. “El primer vínculo que tiene una mujer con un hombre es con su padre y, muchas veces, esa construcción influye en las relaciones de una mujer adulta con los hombres. Las mujeres que siempre han confrontado con su padre es muy probable que su manera de vincularse con los hombres sea la confrontación o si han sido niñas mimadas tienen otra actitud mucho más displicente o desprendida, más de princesa. Las que han sido abandonadas por un padre están temiendo ser abandonadas. Algo de eso hay, habría que preguntarle a Freud sobre todo esto. Se puede curar igual, con terapia”.


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